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“YO PRACTIQUE CINCO MIL ABORTOS”


Por El Dr. Bernard Nathanson

Texto sacado del baúl de los recuerdos, pero muy bueno y actual

Es importante que Ustedes se den cuenta que fui uno de los fundadores de la Organización más importante que “vendía” el aborto al pueblo estadounidense. Había otros dos miembros más: el señor Lawrence Lader y una señorita perteneciente a un movimiento feminista.
En 1968, cuando organizamos el movimiento, se calcula que menos de un 1 por 100 era partidario en Estados Unidos del aborto libre, o sea, que el 99 por 100 estaba en contra, y nuestro presupuesto era de 7,500 dólares anuales, mientras que en el año de 1982 se aproximaba ya al millón de dólares.

Voy a explicarles cómo planteamos el tema para convencer a esos 199 millones de personas en un País de 200 millones para que acepten el aborto.

Las tácticas que voy a explicar son ciertas y además son las mismas que se han empleado en otros Países.

Nos sirvieron de base dos grandes mentiras: la falsificación de estadísticas y encuestas que decíamos haber hecho y la elección de una víctima para achacarle el mal de que en los Estados Unidos no se aprobara el aborto. Esa víctima fue la Iglesia Católica, o mejor dicho, su jerarquía de Obispos y Cardenales.
Cuando más tarde los pro-abortistas usaban los mismos lemas y argumentos que yo había preparado en el año 1968, me daba muchísima risa, porque yo había sido uno de sus inventores y sabía muy bien que eran mentiras.

FALSEAR LAS ESTADISTICAS

Es una táctica importante. Nosotros decíamos en 1968, que en los Estados Unidos se practicaban un millón de abortos clandestinos, cuando sabíamos que éstos no sobrepasaban los diez mil, pero esta cifra no nos servía y la multiplicamos por diez para llamar la atención. También repetíamos constantemente que las muertes por aborto clandestino se aproximaban a las diez mil, cuando sabíamos que eran doscientas nada más, pero esta cifra resultaba demasiado pequeña para la propaganda. Esta táctica del engaño y de la gran mentira si se repite mucho, acaba por ser aceptada como verdad.

Nos lanzamos a la conquista de los medios de comunicación social, de los grupos universitarios, sobre todo de los feministas. Ellos escuchaban todo lo que decíamos, incluidas las mentiras, y luego las divulgaban por los medios de comunicación social, base de la propaganda.

Es importantísimo que ustedes se preocupen de los medios de comunicación social, porque según explican los hechos, así se filtrarán las ideas entre la población. Si estos medios no están dispuestos a decir la verdad, se encontrarán ustedes con la misma situación que nosotros creíamos en EE. UU. En 1968 / 69. Cuando contábamos por esos medios todas las mentiras que acabo de mencionar.

Otra práctica eran nuestras propias invenciones. Decíamos, por ejemplo, que habíamos hecho una encuesta y que el 25 por 100 de la población era partidaria del aborto, y tres meses más tarde decíamos que el 50 por 100, y así sucesivamente.
Los estadounidenses se lo creían y como deseaban estar a la moda, formar parte de la mayoría y que no los llamaran “atrasados”, se unían a los “avanzados”.

Más tarde hicimos encuestas de verdad y pudimos comprobar que poco a poco se iban pareciendo los resultados a los que habíamos inventado: sean por ello muy cautelosos ante las encuestas que se hagan sobre el aborto. Porque suelen ser inventadas, pero tienen la virtud incluso de convencer a magistrados y legisladores, pues ellos, como cualquier otra persona, leen la prensa, oyen la radio, y siempre les queda algo dentro.

La Jerarquía católica elegida como víctima.

Una de las tácticas más eficaces que utilizamos en aquella época fue la que llamamos “etiqueta católica”. Esto es importante para ustedes, porque su país es mayoritariamente católico.

En 1966 la guerra de Vietnam no era popular. La iglesia católica la apoyaba en los Estados Unidos. Entonces escogimos como víctima a la Iglesia Católica y tratamos de relacionarla con otros movimientos reaccionarios, incluso con el movimiento anti – abortista. Por supuesto que no era cierto, pero con este engaño pusimos a todos los jóvenes y a las Iglesias protestantes que siempre habían mirado con recelo a la Iglesia Católica, contra ella. Conseguimos inculcar en la gente la idea de que la Iglesia Católica era la culpable de que no se aprobara la ley del aborto. Como era importante no crear antagonismos entre los propios estadounidenses de distintas creencias, aislamos a la jerarquía, Obispos y Cardenales como a los “malos”. Esta táctica fue tan eficaz que todavía hoy se emplea en otros países. A los católicos que rechazaban el aborto se los acusaba de estar embrujados por la jerarquía, y a los que lo aceptaban se les consideraba como modernos, progresistas, liberales y más clarividentes. Puedo asegurarles que el problema del aborto no es un problema de tipo confesional. Yo no pertenezco a ninguna religión y en cambio les estoy hablando contra el aborto.

También quiero decirles que hoy en los Estados Unidos la dirección y liderazgo del movimiento antiabortista ha pasado de la Iglesia Católica a las Iglesias Protestantes. También hay otras Iglesias que se oponen como las Ortodoxas Orientales, la Iglesia de Cristo, los Bautistas estadounidenses, Iglesias Luteranas Metodistas de África, todo el Islam, el Judaísmo Ortodoxo, los Mormones, las Asambleas de Dios y los Presbiterianos.

Otra táctica que empleamos con la Iglesia Católica fue acusar a sus Sacerdotes, cuando tomaban parte en debates públicos contra el aborto, de meterse en política y de que ello era anticonstitucional. El público se lo creyó fácilmente, aunque la falacia del argumento está clara.

Dirigí, a partir de 1971, la clínica más grande del mundo.

Es en el Centro de Salud Sexual (CRANCH), situado al este de Nueva York. Tenía 10 quirófanos y 35 médicos a mis órdenes. Practicábamos 120 abortos diarios, incluidos domingos y sólo el día de la Navidad no trabajábamos. Cuando me hice cargo de la Clínica, todo estaba sucio y en la peores condiciones sanitarias.

Los médicos no se lavaban las manos de una aborto a otro, y algunos los practicaban las enfermeras o simples auxiliares. Conseguí modificar todo aquello y transformarla en una clínica modelo en su género, y como Jefe de Departamento, tengo que confesar que 60,000 abortos se practicaron bajo mis órdenes y unos 5,000 fueros hechos personalmente por mí.

Recuerdo que en una fiesta que organizaron algunas esposas de los médicos me contaron que sus maridos sufrían pesadillas por las noches y, gritando, hablaban de sangre y cuerpos de niños rotos. Otros bebían demasiado y algunos tomaban drogas. Algunos de ellos tuvieron que ser visitados por el Psiquiatra. Muchas enfermeras se volvieron alcohólicas y otras abandonaron la clínica llorando. Fue para mí una experiencia sin precedentes.

En septiembre de 1972 presenté mi dimisión porque ya había conseguido mi objetivo, que era poner en marcha la clínica. En aquella época, lo digo sinceramente, no dejé la clínica porque estuviera contra el aborto: lo dejé porque tenía otros compromisos que cumplir. Fui nombrado Director del Servicio de Obstetricia del Hospital de San Lucas de Nueva York, y empecé a crear el servicio de Fetologia. Estudiando el feto en el interior del útero materno, pude comprobar que es un ser humano con todas sus características y que deben otorgársele todos los privilegios y ventajas de que disfruta cualquier ciudadano en la sociedad occidental.

Del estudio del feto vivo en el interior del útero saqué esta conclusión.

Quizás alguno piense que antes de mis estudios debía saber, como médico, y además como ginecólogo, que el ser concebido era un ser humano. Efectivamente sí lo sabía, pero no lo había comprobado yo mismo científicamente. Los nuevos sistemas de exploración nos ayudan a conocer con mayor exactitud su carácter humano y a no considerarlo como un simple trozo de carne. Hoy, con técnicas modernas, se pueden tratar en el interior del útero muchas enfermedades, incluso operaciones quirúrgicas hasta de cincuenta clases. Son estos argumentos científicos los que han cambiado mi modo de pensar. Fíjense: si el ser concebido es un paciente al que se le puede tratar, entonces es una persona, y si es una persona, tiene derecho a la vida y a que nosotros procuremos conservarla.

Quisiera hacer un breve comentario a la proposición de Ley sobre Aborto hecha por ejemplo en Canadá y en otros países, para legalizarlo en casos de violación, subnormalidad y por estado de salud de la madre.

La violación es sin duda una situación muy dolorosa. Afortunadamente pocas violaciones van seguidas de embarazo. Pero aun en ese caso, la violación, que es un acto de violencia terrible, no puede ir seguida de otro no menos terrible como es la destrucción de un ser vivo. Por lo tanto, tratar de borrar una horrible violencia con otra también horrible no parece lógico; es sencillamente absurdo, y en realidad lo que hace es aumentar el trauma de la mujer al destruir una vida inocente, porque esa vida tiene un valor en sí misma, aunque haya sido creada en circunstancias espantosas, circunstancias que nunca podrán justificar su destrucción.

Puedo asegurarles que muchos de los que estamos aquí fuimos concebidos en circunstancias que no fueron las ideales, tal vez sin amor, sin calor humano, pero eso no nos cambia en absoluto ni nos estigmatiza. Por lo tanto, recurrir al aborto en caso de violación, es algo ilógico e inhumano.

Voy a ocuparme de la salud de la madre. Yo siempre he dicho que defendería el aborto si la salud física de la mujer estuviera en peligro in mediato de muerte si continuaba su embarazo. Pero hoy, con los avances de la medicina, ese caso prácticamente no existe. Por tanto, el argumento es engañoso, porque sencillamente no es cierto.

Finalmente voy a considerar cuando el feto es defectuoso. Es este tema muy delicado porque significa que aspiramos a que la sociedad esté formada por personas físicamente perfectas y, sin temor a equivocarme, puedo asegurar que en esta sala no hay una sola persona que sea físicamente perfecta. Es peligrosísimo aceptar este principio porque desembocaría en un holocausto.

Puedo asegurarles que incluso a los niños mongólicos se les quiere. Y voy a contarles una anécdota. Cuando estuve con mi esposa en Nueva Zelandia almorzamos un día con Sir William Lilley, que es el fetólogo más importante del mundo, y nos contó que habían tenido cuatro hijos que ya eran mayores, y al quedar sólo el matrimonio adoptaron un niño mongólico, y me dijo que este hijo adoptivo les había proporcionado más satisfacciones que cualquiera de los otros cuatro hijos.

Puedo asegurarles que si esta clase de Ley es aprobada, se abusará de ella y será utilizada para justificar el aborto en todos los casos.

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