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Para ser ‘homófobo’ te basta con rechazar que te impongan aprobar un estilo de vida

Hoy se llevan a cabo los actos del llamado “día del orgullo gay” o “lgbt”. Nueve años después de que el gobierno de Zapatero adulterase la regulación legal del matrimonio para encajar a las parejas del mismo sexo, lo que nos presentaban bajo palabras como “libertad” o “derechos” se ha convertido, finalmente, en una ofensiva propagandística y legal para cercenar la libertad de expresión y el derecho a rechazar un estilo de vida si no lo compartes.

Un interesante documental que echa por tierra los dogmas de la ideología de género
La justicia anula la multa del gobierno a Intereconomía por criticar el ‘orgullo gay’
¿Por qué la ‘no discriminación’ se olvida de los discapacitados y de los niños por nacer?

De la ‘Ley Mordaza’ de Pajín a los privilegios LGTB de PP y CiU

Hace tres años lo intentó el PSOE con la llamada “Ley Mordaza” de Leire Pajín, que con el pretexto de la “no discriminación” pretendía establecer una descarada censura e incluso sanciones para todo aquel que no acepte determinados cánones ideológicos. Dicha ley amenazaba prácticamente cualquier decisión que tomásemos en nuestras vidas que pudiese resultar sospechosa de albergar el rechazo a otros por los motivos más variados, incluyendo sus opiniones y su orientación sexual. La naturaleza totalitaria de dicho proyecto legal no se limitaba a su contenido, sino también a sus mecanismos de persecución: cualquier persona acusada de un delito de “discriminación” estaba obligada a probar su inocencia, violando así el derecho a la presunción de inocencia amparado por el Artículo 24 de la Constitución Española.

La derrota del PSOE en las urnas impidió que llegase a consumarse ese atropello brutal contra las libertades, pero al final, el PP y CiU han aceptado imponerlos en Galicia y Cataluña con leyes que privilegian a determinados ciudadanos en virtud de su condición de homosexuales o transexuales, a costa de vulnerar la libertad de expresión, la libertad de expresión y la libertad de educación del resto de los ciudadanos. Al final, el “cambio” que prometía la derecha parlamentaria ha acabado convirtiéndose en un mero recambio.

Borrando todo rastro de la familia natural en las leyes

A los grupos de presión gays no les ha bastado con hacer desaparecer de la legalidad española la realidad específica del matrimonio como institución formada por un nombre y una mujer. Tampoco les ha bastado con hacer desaparecer de las leyes las referencias al padre y a la madre, como si esta realidad social fruto de la naturaleza sexuada del ser humano, que es la que permite la venida al mundo de nuevas vidas, fuese un error de la naturaleza que hay que corregir a golpe de ingeniería social. Además, ese lobby pretende que se adoctrine a los niños en la aprobación de un estilo de vida que muchas familias no aprueban y que se manifiesta en espectáculos tan lamentables y bochornosos como los que rodean la mayor parte de las fiestas del ‘orgullo’.

Métodos dictatoriales para imponer los dictados del lobby LGTB

Paradójicamente, en España puedes rechazar estilos de vida asociados a las relaciones precoces, la infidelidad en el noviazgo y en el matrimonio, o aquellos que son fruto de la mera búsqueda en la vida del placer a cualquier precio, todos ellos fenómenos que ocurren en nuestra sociedad, que tienen un reflejo en las costumbres y que no están sancionados por las leyes. Sin embargo, si desapruebas moralmente las relaciones entre personas del mismo sexo, puede caer sobre ti la mordaza rosa. Los ejemplos sobran, pero baste con señalar que por ese mismo motivo se hacen cosas como censurar libros, multar a medios por discrepar e incluso someter a un obispo a un bochornoso proceso judicial aunque al final resulte absuelto en virtud de algo tan elemental en una democracia como es la libertad de expresión.

‘Homofobia’: un término acuñado para liquidar el derecho a discrepar

A todo el que no aprueba ese proyecto de ingeniería social se le tacha sin más de ‘homófobo’, una palabra-policía que sirve para intentar estigmatizar y decretar la muerte civil de todo el que se atreva a llevarles la contraria a los mencionados grupos de presión en su afán por imponernos a todos la obligación de aprobar un determinado estilo de vida. Al final, con el pretexto de la no discriminación se está erosionando nuestra democracia y se están dinamitando nuestras libertades para que una minoría, exigua pero muy influyente, se arrogue un inexistente derecho a no escuchar ninguna crítica. Me pregunto qué pasaría si, siguiendo los mismos pasos, otros intentasen eliminar del ámbito público toda crítica, por leve que fuese, a los creyentes, a las personas heterosexuales, o a las madres y a los padres. Hoy en día se puede hacer mofa e injuriar sin más a los cristianos, a las familias y a todos aquellos cuyo estilo de vida no se ajusta a los cánones de la ideología de género. Sin ir más lejos, en agosto de 2009 el PSOE dijo que apoyar a madres sin recursos era cosa de ultraderechistas. No fue la última burrada por el estilo que salió de las mismas filas socialistas que se afanaban por criminalizar cualquier crítica a la homosexualidad: en febrero de 2011, el PSOE identificó el hecho de tener hijos como “el modelo familiar de la ultraderecha”. Nadie planteó, ni remotamente, llevar a juicio a la dirigente socialista Beatriz Sestayo, autora de esas declaraciones, por menospreciar así a todas las madres. ¿Por qué tanta manga ancha con unos y tanta sobreprotección con gays y transexuales?

¿Puedes pedir quemar a los obispos, pero no criticar al lobby LGTB?

Bien está que se pida respeto y comprensión para quienes, por los motivos que sean, se sienten atraídos por las personas de su mismo sexo. Aquí mismo he defendido a los homosexuales frente a los salvajes que les agreden por serlo, algo que me parece del todo intolerable. Lo que no puede ser en una sociedad democrática es que se equipare agredir a un gay con criticar su estilo de vida. Yo suelo discrepar a menudo de gente de otras ideologías, tengo amigos cuyo estilo de vida no comparto y jamás he sentido la menor tentación de traducir esa diferencia de opiniones o de gustos en una agresión contra los que no opinan como yo. Otros no pueden decir lo mismo: desde la izquierda se lanzan con cada vez más frecuencia consignas violentas como “vamos a quemar la Conferencia Episcopal”, sin que nadie de ese ámbito ideológico muestre su rechazo hacia ello. ¿Es ésta su idea de la tolerancia? ¿O es así, con la violencia, como piensan erradicar toda discrepancia hacia las tesis más que discutibles de la ideología de género?

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