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ANÁLISIS: Sin avances para la salud sexual y reproductiva en la ONU, continúa el motivo de preocupación

NUEVA YORK, 18 de abril (C-FAM) La izquierda sexual tuvo que beber un trago amargo la semana pasada en la Comisión de Población y Desarrollo de la ONU.

Los países ricos no lograron reunir apoyo suficiente para incluir los derechos sexuales y los derechos de aborto en una resolución de la ONU. Al mismo tiempo, consolidaron su postura de cara al nuevo programa de desarrollo post 2015, lo cual no augura nada bueno para los amigos de los niños por nacer.

El círculo dirigente de la salud sexual y reproductiva se encuentra abatido porque una resolución aprobada en la sesión de la comisión de este año, que conmemora la Conferencia de la ONU sobre Población y Desarrollo de 1994, no modifica la esencia del acuerdo que convirtió a la salud sexual y reproductiva en el componente básico de la dieta proporcionada a los pobres mediante la ayuda al desarrollo. En realidad, la conferencia no reconoció el aborto como derecho ni derecho sexual alguno, e incluso los presentó de manera negativa, y tampoco mencionó la orientación sexual, la identidad de género ni los derechos sexuales. Esto es algo que la izquierda sexual ha estado tratando de rectificar por más de veinte años, sin éxito.

La sesión de este año de la Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas fue particularmente importante porque señaló el vigésimo aniversario del acuerdo de El Cairo. Pero, lo que es más importante, ofreció la última oportunidad para conseguir que se añadieran a la agenda de El Cairo derechos sexuales, derechos específicos para hombres que tienen relaciones sexuales con hombres (HSH) y derechos de aborto antes de la Asamblea General que determinará la agenda de desarrollo post 2015.

En 2010 los países acordaron que no renegociarían las políticas de El Cairo, y, en su lugar, decidieron que se volverían a comprometer con las políticas de 1994 a fin de evitar que se reabrieran las discusiones de los asuntos sexuales y reproductivos. Para el Fondo de Población de la ONU, que fue el que más obtuvo de las políticas de El Cairo, esto se convirtió en una cuestión de ampliar el significado del acuerdo de El Cairo en conferencias regionales. Tenían la esperanza que las conferencias pudieran utilizarse para fustigar a los países a fin de que apoyaran el nuevo lenguaje sobre HSH y aborto. A fin de cuentas, lo máximo que pudo conseguir la dirigencia de la salud sexual y reproductiva en la sesión de este año de la comisión fue el reconocimiento de que las diversas regiones tienen principios rectores diferentes al interpretar las políticas de El Cairo.

Una vez más, la ilusión de que los derechos de aborto y HSH logren inevitablemente aceptación universal demostró ser poco realista. El aborto y los HSH continúan siendo tan polémicos como lo fueron veinte años atrás, según Babatunde Osotimehin, quien dirige el Fondo de Población de la ONU. Él habló ante la Prensa Asociada cuando todavía las negociaciones estaban en curso, y reveló despreocupadamente que no esperaba que la resolución fuera más allá de El Cairo.

Después de tres años de intenso lobby, una decena de conferencias internacionales y millones de dólares destinados a la evaluación del Programa de Acción de la Conferencia de El Cairo, el Fondo de Población no ha podido modificar ni siquiera la puntuación del acuerdo de El Cairo en lo que respecta al aborto y los HSH. La frustración de Kate Gilmore, ejecutiva del Fondo de Población fuertemente dedicada a los derechos sexuales, era manifiesta ante la ausencia de avances conforme las negociaciones llegaban a su término a las 5 a.m. del sábado a la mañana.

Las agrupaciones provida y familia deberían regocijarse al saber que la dirigencia de los derechos sexuales y reproductivos no logró promover en absoluto su agenda mediante los canales políticos de la ONU. El aborto dista tanto de ser un derecho humano hoy como veinte años atrás y el matrimonio entre personas del mismo sexo es un avance difícil incluso en países donde los HSH han logrado amplia aceptación social. Pero hay una advertencia.

Nuestro optimismo por el futuro debe ser moderado por el realismo. En un aspecto importante el establishment de la salud sexual y reproductiva sigue ganando, y es mediante subvenciones en las que reciben cientos de millones, incluso miles de millones de dólares.

El Fondo de Población, los gobiernos que lo financian y sus organizaciones satélite todavía son capaces de amedrentar a los países para que ratifiquen e inviertan en las políticas de El Cairo nada más y nada menos que por miles de millones de dólares anuales.

En tanto y en cuanto la agenda de la CIPD siga vigente, millones de dólares afluirán a las arcas de organizaciones que promueven el aborto. Conforme a estas políticas, las agrupaciones pueden obtener dinero con el pretexto de brindar promoción y servicios de salud sexual y reproductiva, para luego dar la vuelta y ofrecer el aborto o hacer lobby por él, porque en la política de la ONU dichos términos por definición lo incluyen, si bien es cierto que solo donde el aborto es legal.

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